Chicas lima videos de las princesas porno

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Carga travestis

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Tuvo que huir de su casa y buscar refugio aquí, en las chozas de hojalata de los alrededores del centro de la ciudad de Kampala. Primero sus padres, luego sus amigos; uno tras otro, todos lo abandonaron. No podían aceptar que Hajjati fuese transexual. Creía que era gay, pero la verdad es que me sentía una mujer, me gustaba maquillarme en secreto.

Un momento muy breve, sin embargo, porque, desde ese momento, su existencia se transformó en una auténtica pesadilla. Me echaron de casa.

Estuvo vagando de un sitio a otro para encontrar un lugar seguro donde quedarse, donde poder vivir su vida. Los occidentales, los chinos y muchos ugandeses son los clientes de estos chicos que se esconden en sus casas durante el día y salen a toda prisa para no ser vistos y dirigirse a los hoteles y los apartamentos de los alrededores de la capital.

Clientes que a menudo les pegan, los violan, les roban, y, aun así, quedan impunes. Se maquillan unas a otras, se intercambian la ropa, se hacen fotos para publicar en las redes sociales, porque solo entre esas cuatro paredes pueden ser ellas mismas.

Las bandas de los suburbios irrumpen en sus viviendas, les cogen lo poco que tienen, las pegan y se van. Alicia va caminando por el mercado de Nakesero. De repente se detiene, agacha la cabeza y aguza el oído. En la radio, un predicador evangélico arremete contra los homosexuales. Todo el mundo la mira fijamente.

Salgo de casa y la gente me mira. Cierto es que la ley de enjuiciamiento criminal no dice expresamente que haya que tratar con respeto a los procesados de una causa; en cambio, sí que se pide explícitamente para los miembros del tribunal o de las víctimas si las hubiere durante el juicio oral.

Todo esto resulta preocupante si se supone que rige el principio de presunción de inocencia. La identidad de género de la acusada pasa a convertirse en una agravante a ojos de la calle.

Ser trans te convierte en sospechosa de facto. Me senté en una de las sillas enfrente de los indicadores de las salidas y llegadas, había todo tipo de gente: Por aquel entonces llevaba apenas una semana de transición, se reconocía a kilómetros mi condición de persona transexual.

Tenía miedo, sentía vergüenza y también rabia, me parecía todo tan injusto. La gente nos miraba, y todavía me pregunto qué pasaría por sus cabezas: Me dejaron marchar, pero el daño ya estaba hecho. Porque queremos que nuestros derechos sean realmente iguales al resto de las personas y no sólo "iguales en principio".